El trabajo en equipo siempre ha sido un gran desafío, sin embargo, me he dado cuenta que a nivel universitario (Por lo menos en el ITESO) estos desafíos se ven incrementados por el simple hecho de que, entre más avanza tu carrera, menos tienes la oportunidad de trabajar con personas conocidas.
Y si, comencé esta entrada hablando de desafíos, y en un momento profundizaré más en ello, sin embargo, también cabe destacar que esto también trae enormes beneficios; como el hecho de que ciertas grandes personalidades pueden replantearte la forma en que te acercas a las tareas a tal grado de prácticamente cambiar todos tus comportamientos y acciones frente a las tareas, y claro que jamás te habrías dado cuenta de todas esas áreas de oportunidad de no haberte visto retado por esta nueva persona.
Habiendo dicho esto, la mayoría de los casos no suelen sentirse de esta manera, sobre todo en un comienzo, puesto que normalmente las formas de trabajar serán tan diferentes, que tomará algunos días para que todos estén en la misma página. Esto me ha llevado a muchas veces, encontrarme con muy malas experiencias habiendo trabajado en equipo para una clase donde no conocía a mis compañeros.
Y sin embargo, no se si sea por mi búsqueda de encontrarle algo positivo a la cuarentena que me llevo a esta reflexión, pero me atrevería a decir que esta situación ha llevado a que se faciliten mucho más estás interacciones entre compañeros. Siento que al compartir todos esta situación extraordinaria nos vemos forzados a acercarnos a las tareas de maneras mucho más similares lo cual facilita que todos estén en la misma página. Las vías de comunicación son más obvias, los lugares de trabajo mucho más conocidos por todos, y en general, la forma de trabajo es entendida por todos los miembros del equipo. Si se pueden encontrar beneficios hasta de estas situaciones tan negativas.